BLANCOS PEREGRINOS




Indagando en la historia del Bando de San Roque de Llanes, sorprende la gran riqueza documental que, gracias al esmero y conciencia de generaciones y generaciones de sanroquinos, ha llegado a nuestros días. Un patrimonio histórico que habla de devoción, de entusiasmo, de compromiso y de unión en torno a un mismo sentir. Un legado que nos compromete con la tradición para seguir escribiendo, entre todos, la historia de nuestro Bando.

Al ojear esos viejos programas -algunos más que centenarios- uno toma conciencia de la gran paradoja del tiempo: mutable en lo cotidiano pero inmutable en lo esencial. Lo folklórico y lo religioso, lo pagano y lo sagrado, parecen ser los dos pilares sobre los que se ha ido asentando la historia de nuestra fiesta. Así, vemos con emoción cómo las distintas comisiones encargadas de organizar los festejos en honor del Santo Peregrino, se fueron adaptando a los tiempos, a las modas, a los gustos de cada época; pero lo hicieron sin alterar su fundamento y sin desvirtuar su esencia. Porque junto al esfuerzo por multiplicar los fondos para alcanzar, año a año, mayor esplendor y renombre, supieron, al mismo tiempo, preservar y transmitir la devoción a San Roque, seguidor de Cristo, mediante un ceremonial que ha permanecido imperturbable. Y si los gigantones y cabezudos o los globos aerostáticos de antaño, hoy son -mutatis mutandis- desfiles de gaiteros y lluvia de fuegos que funden el cielo con la mar, el ritual sagrado se ha ido manteniendo sin cambios sustanciales.

Es el caso de la Danza Peregrina que, desde el año 1862, varias parejas de niños interpretan ante la imagen de San Roque, como broche de oro de la multitudinaria procesión . Es tradición también que los peregrinos procesionen delante del Santo y que, en varios momentos del recorrido, realicen algunos pasos de la danza, aportando gran solemnidad al acto religioso.

Aunque formalmente el baile parece derivar de las antiguas danzas de espadas medievales, su configuración responde al origen de la devoción y de las celebraciones en honor al Santo de Montpellier, introducidas en la Villa por los peregrinos franceses que viajaban a Santiago. La alegoría al camino de los pasos de nuestra danza no puede ser más clara: puentes, sendas serpenteantes…

El hecho de que los integrantes sean niños y que acompañen a la imagen del Santo durante la procesión, hace que un acto de carácter profano -como es un baile- adquiera una dimensión distinta y se sacralice totalmente la danza, dada la inocencia que presupone la edad de sus intérpretes, remarcada aún más en sus vestimentas blancas.

Y es que el color blanco juega un papel simbólico en el culto y la superstición universal. Debido a su conexión con lo sagrado y lo divino, es representante de la pureza y la perfección ética. Para la tradición judía, es también el color de la alegría y de la fiesta y se relaciona con las visiones místicas de Dios .

También los primeros cristianos asimilaron este color de la luz intensa a lo sagrado y a la pureza. En este sentido, son muchas las referencias evangélicas; así, la gloria de Jesús, entrevista en el monte Tabor , se representa con unas vestiduras blancas como la luz; también en el Apocalipsis, el blanco es símbolo último de la pureza y de la gloria inmarcesible de Dios . Es el color de las ropas de los mártires, de los santos y de los ángeles, asociado siempre a la alegría y al esplendor, al comienzo de una nueva vida por la resurrección de Cristo. De ahí su uso ritual en la administración del sacramento del bautismo, ya desde los albores del cristianismo.

El color de las ropas de nuestros peregrinos va mucho más allá de las modas puntuales o de las simples convenciones humanas; tiene un sentido en sí mismo como parte de un ritual religioso y trascendente. Y si la danza peregrina representa el camino de Santiago y la fraternidad de los hombres, al ser ejecutada por niños, es, ante todo, imagen de pureza y limpieza de espíritu y, por tanto, portadora de un mensaje de esperanza y de renovación de la fe en Jesucristo. Por eso, dejada atrás la infancia, el traje pierde su sentido. A nadie se le ocurriría vestirlo en su etapa adulta pues la edad desvirtúa su esencia y pervierte su mensaje.

La esencia histórica de Llanes está profundamente entroncada en la tradición cultural de sus Bandos. Nuestras fiestas son tan grandes y esplendorosas, porque unos y otros hemos sabido innovar y adaptarnos al devenir de los tiempos pero siempre conservando escrupulosamente la tradición heredada de nuestros mayores, conscientes de que somos depositarios de un legado inmortal que hemos de seguir transmitiendo generación a generación.

Ana Concha González

 
       
   

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